DIABETES EN PEDIATRÍA

Si existe un tipo de diabetes y una edad donde la cosa se pone en modo “Hardcore”, esa es la diabetes tipo 1 (DM1), en la edad pediátrica.

 

Como seguramente sabrás, la DM1 es la diabetes de origen autoinmune que por una “autodestrucción” de las células beta que producen insulina; desencadena una dependencia absoluta hacia la misma. Se trata de la principal causa de diabetes en la edad pediátrica observándose dos grandes picos de incidencia: de los 5 a los 7 años y en el periodo de pubertad. Dos picos que como ves coinciden con dos momentos vitales especialmente delicados.

 

Explicar por qué la diabetes en la edad pediátrica es casi un castigo de los dioses nos llevaría mucho tiempo. Nos daría casi para un webinar con varios cafés. Pero me gustaría resumirte los puntos más importantes:

 

  • Necesidades fisiológicas especiales: Dominar las necesidades de insulina en la edad pediátrica es una prueba titánica. Los niños y los adolescentes son sacos de hormonas en continuo crecimiento…y esto influye tanto en sus necesidades a lo largo del día y como en las fluctuaciones según mes/año. Hasta justo la entrada de la pubertad, las necesidades de insulina de los peques son muy particulares y diferentes al adulto: tienden a precisar de mayores necesidades de insulina a la tarde/primera parte de la madrugada (fenómeno atardecer), para después tener una caída brusca de las mismas hacia la segunda mitad de la noche manteniéndose bajas hasta la siguiente tarde (fenómeno antialba). Por si la cosa no fuera lo suficientemente enrevesada, llega la adolescencia y todo cambia: sus necesidades comienzan a asemejarse a las de un adulto y comienzan a experimentar el fenómeno del alba clásico.

 

Por otro lado, estos peques necesitan en muchas ocasiones unas necesidades tan bajas de insulina; que si no usan una bomba de insulina o diluyen el propio fármaco, son incapaces de aportar lo que necesitan sin pasarse (y sufrir una hipoglucemia). Además, su sensibilidad a la insulina es enorme, haciendo que en cuanto te descuides pasen de tener 150 mg/dl a 80 mg/dl en cuestión de minutos.

 

  • Las temidas hipoglucemias: Ya sabrás que en términos generales se describe a la hipoglucemia como aquella glucemia inferior a los 70 mg/dl. Es una complicación aguda que tiene que ser solventada de manera urgente. Las hipoglucemias en la edad pediátrica tienen una serie de particularidades que las hacen especialmente peligrosas: son más inadvertidas (en ocasiones relacionadas con la incapacidad del niño para interpretar lo que está sintiendo), son más graves y difíciles de remontar y se vuelven especialmente truculentas en la noche (siendo además mucho más frecuentes que en el adulto por ese fenómeno antialba del que te hablé).

 

  • No dejan de ser niños: Someter a un peque a ese régimen casi militar que te impone la diabetes para que todo vaya bien (por muy laxo que intentes ser), no deja de ser un peso importante para su mochila. Si que es cierto que cada niño es un mundo, y que muchos niños se han convertido en grandes adultos llenos de valores y de resilencia por llevar esa mochila tan pesada durante años. Sin embargo, no hay que olvidar que situaciones como la Belenofobia (el miedo patológico a las agujas), los cuadros ansiosos o los trastornos de la conducta alimentaria (con la conocida Diabulimia a la cabeza), están a la orden del día y son mucho más frecuentes si los comparamos con población general.

 

 

 

  • El gran problema de la adolescencia: Si hay un momento temido en toda familia que lleva años batallando con la diabetes de su hijo, esa es la adolescencia. Un periodo complejo donde los sentimientos están a flor de piel y donde la rigidez de la diabetes choca con ese sentimiento de libertad, “el déjame hacer lo que me dé la gana”; tan típico de estas edades. El centro de referencia que se reconvierte a los amigos, el sentimiento de verse diferente, la aparición de elementos como el tabaco o el alcohol en la ecuación, las primeras relaciones, comidas fuera, burnout…sin duda la adolescencia es una etapa que si ya revuelve de base, tiende a poner todo patas arriba cuando la diabetes anda de por medio. Por ello la familia tiene que ser capaz de jugar muy bien en esa línea tan fina entre el “ceder” y el “contener”.

 

  • ¿Y que pasa con la familia?: Pues eso digo yo. Por que créeme, la parte que más calidad de vida pierde en el proceso es la familia de un peque con DM1. Los peques al final son seres con una capacidad de adaptación asombrosa, pero las familias se enfrentan de lleno a una situación que les hace tener que reescribir casi al 100% una vida que ya de base no es sencilla.

 

Y sin duda el elemento que más rompe esta calidad de vida es la relación entre el colegio y el peque con diabetes. Este tema da para una charleta aparte, pero se resume en un elemento que por desgracia aun nos cuesta introducir: la figura de la Enfermera Escolar.

 

Cuantas familias he conocido que han tenido que dejar sus trabajos y sus vidas para dedicarse exclusivamente a la diabetes. Al final cuando tienes que ir día si y día también a la escuela (ya que no podemos obligar al profesorado a asumir algo que no le compete), terminas cediendo y en el fondo, perdiendo calidad de vida mental, social y económica. A eso súmale los sustos, las hipoglucemias nocturnas (con esas familias que apenas duermen en los primeros meses), los aspectos más triviales que se vuelven en ocasiones auténticos quebraderos de cabeza (cumpleaños, excursiones, etc). Sin duda estas familias tienen que tener todo nuestro respeto y paciencia.

 

Aun con todo lo que te he contado, la gran mayoría de peques salen adelante sin desarrollar complicaciones. Sorprende la tenacidad y la constancia que podemos llegar a adquirir cuando un ser querido depende de nosotros. Eso acompañado de los grandes avances a nivel de tratamiento y sobre todo a la tecnología asociada (bombas de insulina y monitorizaciones), hace que esta travesía por el desierto tenga sus oasis en el camino y una llegada a buen puerto: el de la vida adulta. Una vez aquí las tornas cambian (pero esto ya puede ser tema para otro día).

 

A por esos controles perfecto.

 

Don Sacarino.

 

 

 

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